Operación  Triunfo: Una vergüenza nacional


Todos sabemos quienes son Rosa, David Bisbal, Bustamante, Verónica, Chenoa y compañía, a pesar de que no seguimos (al menos yo no lo sigo) el concurso ni conocíamos de nada a todos estos personajes hace unos meses. Sabéis a quienes me refiero: a los chicos de “Operación triunfo”. Se han convertido ya en ese tipo de personajes que uno conoce aunque no quiera, porque te los ponen hasta en la sopa. Pero ¿cómo es posible que de un día para otro las radios y las televisiones no hagan otra cosa que hablar de un tal Bustamante o una tal Rosa, a los que hace cuatro días sólo conocían en su casa? ¿Qué especie de manía colectiva, sólo comparable a la del fútbol, se ha apoderado de pronto del país? ¿Cómo se ha llegado a esta situación? Recapitulemos.
1ª Parte. Eurovisión.
Érase una vez un continente muy bonito llamado Europa, en el que a alguien se le ocurrió crear un concurso musical que reuniera artistas de todos los países (una fantástica idea, ya que el intercambio cultural siempre es algo positivo). Desgraciadamente, el concurso fue degenerando cada vez más, ya que las tendencias musicales de las primeras décadas fueron pasando de moda y los nuevos estilos que gustaban a la juventud (básicamente la música rock) no acababan de encajar muy bien en el festival, dominado, como es lógico, por los grandes medios (a su vez dominados, como es lógico, por los políticos). El resultado de este desfase fue que la gente perdió el interés por el concurso, al menos en España, donde hasta hace poco casi daba vergüenza decir que "el otro día vi el festival de Eurovisión". Tan grande era el descrédito en el que había caído. Además, los representantes nacionales eran escogidos no se sabe muy bien cómo, y lo cierto es que el cantante o gupo no solía ser del agrado del público (excepto en algún caso como el de Sergio Dalma, que sí se hizo famoso más tarde). En otros países, en cambio, el representante era escogido por el público, que llamaba para dar su voto. Esto debió darle a alguien (para saber exactamente quién, véase la web www.operaciontriunfoesunplagio.com ) la idea de crear un concurso en España para escoger al representante nacional (decisión muy acertada, porque así sí que realmente es un representante). Ya sólo hacía falta encontrar un hueco en la programación para realizarlo, pero en principio la idea no es mala. De hecho, ya era hora de que la televisión dedicase un hueco a la música, en lugar de atontar a la gente con el fútbol y las noticias de sucesos criminales (a ver si un día de estos se cansan ya de recitarnos cada noche la lista de asesinatos, violaciones y secuestros que se producen en el país). Incluso como programa-concurso musical, siempre sería mejor que una payasada del estilo "Lluvia de estrellas" o alguna competición de canción folklórica y canción ligera del estilo "Gente Joven". Sin embargo, como todos sabemos, el resultado iba a ser aún peor...
2ª Parte. Una mezcla de "Gran Hermano" y "Fama"
La intención de los organizadores era, evidentemente, ganar dinero sin pudor alguno ni sentido de la dignidad que valga (así es como se hacen hoy en día las cosas). Por lo tanto, un concurso "a palo seco" no valía. Hacía falta seguir los pasos de "El Gran Hermano" y recoger toda la audiencia posible. ¿Qué ingredientes hacían falta para eso? Primero unos concursantes jóvenes y más o menos guapos, entre los que pudiese surgir alguno de esos amoríos imaginarios que a la gente tanto le gusta creerse. Segundo, unas situaciones que permitiesen llenar el programa con "chicha", en lugar de limitarse a las actuaciones musicales, que es en lo que debería consistir un concurso de este tipo.
Solución: crear una "academia" de estrellas al más puro estilo de la serie "Fama" (supongo que los que ya tengáis unos añitos la recordaréis perfectamente) y convertir el programa en una especie de "reality-show" basado en la búsqueda del éxito por parte de unos jóvenes artistas. Como directora del centro no tuvieron a otra persona para escoger que Nina, antigua azafata del "Un, dos, tres, responda otra vez" y que había estado haciendo sus pinitos en la TV catalana mezclando el papel de presentadora con el de cantante. Ciertamente, el papel le va que ni pintado: es igual de insoportable y repulsiva que lo sería una actriz americana que protagonizase una serie basada en el tema. Dándoselas de maestra del arte musical y de psicóloga, ha conseguido crear en el espectador la misma sensación desagradable que ya nos provocó Mercedes Milá con "El Gran Hermano", cuando pretendía hacer creer que aquella pantomima tenía interés sociológico (jua, jua , jua).
3ª Parte. El fenómeno social.
Todo lo que he comentado hasta ahora, aún sería soportable si simplemente se limitase a eso: un programa-concurso que intenta promocionar a jóvenes valores de la canción. Lo del montaje de la academia se lo podríamos perdonar a la TV por razones económicas (hay que cuidar la audiencia). Ahora bien, lo de que la ciudadanía española sea tan subnormal como para aficionarse a un producto puramente comercial como este y convertir a los chicos de la academia en las personas de moda, esto ya no es perdonable: es una vergüenza para el país. Sí, ya sé lo que pensaréis muchos: “si no te gusta el programa no lo mires”, pero es que eso es lo que vengo haciendo y aún así hace meses que me vienen tocando los huevos continuamente con la puta canción de “a tu lado me siento seguro...” y tal y tal (de verdad, no sé vosotros, pero yo estoy harto de ella), y no paro de ver continuamente a los concursantes por todas partes (y eso que yo soy de los que pasan olímpicamente de la TV, que si no, ni te cuento). Lo peor es que es un pez que se muerde la cola: como los medios ven que tiene audiencia, ofrecen cada vez más material, con lo que aumenta el número de gilipollas que se aficionan al concursillo, y así continuamente. Ha llegado un momento en el que la situación se ha vuelto casi insoportable. Ya en Navidad estábamos hasta las pelotas de que salieran cada dos minutos por TV felicitándonos las fiestas con su odiosa canción (por cierto ¿quién será el hortera que la ha compuesto?), pero es que en los dos últimos meses la cosa se ha vuelto incontrolable: todos los medios volcados con ellos, entrevistas con sus familiares, las ciudades natales de cada concursante echándose a la calle para aclamarlos como si fueran héroes,... De verdad, no sé qué pensaréis vosotros, pero a mí me dan ganas de llorar cuando pienso en todos los músicos (ya sean solistas o grupos) de todos los estilos musicales (especialmente los de rock, pero se podría decir lo mismo de los de blues, jazz, música clásica, etc.) que se dejan la piel en locales de ensayo de mala muerte para que luego no los conozcan ni sus vecinos, y que luego se enteran de que estos chicos en tres meses se han hecho más famosos que Julio Iglesias gracias a un concurso hortera y dirigido completamente por los intereses económicos de las discográficas y la TV. Hay que joderse. Y encima luego escuchas comentarios defendiendo al programa y a los concursantes. ¿Y qué comentarios son esos? Pues básicamente dos.
1º "Muchos de los concursantes son o pueden llegar a ser grandes artistas, cada uno con un estilo muy personal, y la prueba es el éxito que están teniendo"
Bueno, bueno, no voy a entrar en si cantan bien o no (eso es en el fondo lo que menos importa, porque el concurso sería igual de impresentable o casi). Tampoco en si se merecen o no la fama; seguro que muchos de estos chicos y chicas son personas fantásticas que sólo quieren hacer lo que les gusta, y me alegraré por ellos si les salen bien las cosas. Ahora bien, no sé si os habéis fijado en que todos encajan en el mismo estereotipo del cantante o la cantante solista que interpreta lo que se suele conocer como "canción ligera". Sí, ya sé lo que diréis muchos: que las canciones que se interpretan son variadas y que algunas están sacadas del pop británico, otras del americano, otras del jazz y otras más tradicionales, como un día que interpretaron canciones de Armando Manzanero (manda huevos, a estas alturas ponerse a cantar estas cosas en un festival de cara a Eurovisión...). Pero no os engañéis: todo viene a ser lo mismo porque todos son los típicos cantantes solistas de la “canción latina”, en plan Laura Pausini, Alejandro Sanz, Enrique Iglesias y compañía. Son carne de “Super Pop” y otras revistas horteras de las que se compran las quinceañeras ignorantes de este país. Que a veces interpreten canciones de otros estilos no les hace ser distintos, del mismo modo que Julio Iglesias no es un cantante de tangos por haber adaptado un par de temas de Gardel (bastante mal, por cierto). Fijaos en que todos son solistas jóvenes. No hay grupos y ni siquiera duetos (aunque a veces hayan cantado juntos para que el público y el jurado pudiern valorarlos mejor). Por supuesto, tampoco hay instrumentistas (todos los que os habéis pasado años aprendiendo a tocar la guitarra, los teclados, la batería, el bajo, etcétera, ya sabéis: dejadlo, es mucho más práctico ponerse a lloriquear como Bustamante para que te dejen chupar del bote y te den un contrato discográfico). Tampoco hay ninguno que se salga del estereotipo del joven de “Fama”, ya que no hay nadie que cante canciones algo más alternativas y originales, ni tampoco rock, porque entonces los papás y mamás que ven el programa se asustan y dicen que es malo para la juventud: tienen que ser todos muy buenos, muy simpáticos y muy majos, y cantar canciones romanticonas en lugar de otras cuya letra hable de las verdades de la sociedad.
2º "A fin de cuentas, las empresas hacen bien en buscar métodos para ganar audiencia y vender discos"
Evidentemente, pero hay una cosa que se llama dignidad (no sé si todos sabréis lo que significa) y que no está de más practicar de vez en cuando. También hay que ser un poco profesional, creo yo, porque si todo es cuestión de dinero, entonces ¿por qué en la TV no echan películas porno, por ejemplo? Seguro que tendrían audiencia y ganarían mucho dinero. Pero entonces esas mismas personas que hablan de razones económicas vienen dando discursos sobre lo indecente que sería, y que una televisión pública tiene que guiarse por otros parámetros que el mero beneficio, etc. Pero ¿hay algo más indecente que este concurso? ¿Se ha hecho pensando en la cultura o en el mero beneficio? No les interesa para nada la decencia ni la cultura a quienes mandan en este país. Ya lo demuestra el gobierno preocupándose por censurar videojuegos o prohibir el consumo de alcohol en la calle, mientras la cultura y la educación no se promocionan en absoluto, excepto en aquellas cosas que les gustan a los miembros del PP. No se les deja a los jóvenes de este país crear su propia cultura, sino que todo anda dominado por las grandes empresas discográficas y televisivas, bajo el amparo del gobierno trasnochado del señor Aznar.

Conclusión

¿Qué podemos decir después de todo esto? Supongo que lo mejor sería pasar de ellos, si es que nos dejan. En cualquier caso, no deja de ser una vergüenza para el país que la cultura nacional dependa de intereses tan rastreros como el dinero puro y duro, que nada tienen que ver con los sentimientos de la gente ni con la realidad de la sociedad. Al final acabaremos todos agilipollados, viendo las series de milikito y siguiendo la vida privada de los falsos famosos impuestos por las televisiones. Y la eterna pregunta sigue en el aire: ¿Hasta dónde pensamos llegar?


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